1 Juan 2:15-16 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
El Autor del libro: John Piper. En su libro: Gracia Venidera. Cita uno de los sermones más famosos del predicador y profesor de la Universidad de San Andrés, Escocia. Thomas Chalmers:
Hay dos maneras de que el moralista práctico puede intentar desplazar del corazón humano su amor por el mundo: A) Bien sea a través de demostrar la vanidad del mundo, de modo que el corazón se vea obligado a retirar su consideración de un objeto que no lo merece. y B) Poniéndole delante otro objeto, (Dios), como más digno de su apego; de manera que el corazón no se verá obligado a renunciar a un viejo afecto, sin que nada lo reemplace, sino a cambiar un viejo afecto p0r uno nuevo. Debido a la constitución de nuestra naturaleza, el primer método resulta incompetente e inefectivo por completo, y el segundo es el único capaz de rescatar y recuperar el corazón de aquellos afectos erróneos que lo dominan.
Un interés de todo Pastor, es animar a los miembros de su iglesia a dejar de amar el mundo y en su lugar amar más a Dios, y pareciera que el denominador común es: Predicadores que desprestigian al mundo ante los ojos y oídos de sus miembros esperando que estos renuncien a el, al percatarse de lo horrendo que este es. Pero esto implica para todos aquellos que hemos amado al mundo antes de recibir a Jesucristo como nuestro Salvador, a quedarnos sin nada, al renunciar al mundo se nos quita algo sin darnos nada. Es por esa razón que estoy completamente de acuerdo con el planteamiento de Thomas Chalmers, La forma de rescatar el corazón de los que aman al mundo es darles un nuevo afecto, que substituya el afecto a lo equivocado del mundo.
Recibir a Jesucristo como nuestro Salvador, es recibir un nuevo afecto, la substitución a dado inicio. Nos corresponde ahora contemplar el nuevo afecto, lo que implica disfrutar a Cristo, conocer sus promesas de vida, recibir su amor, consuelo y dirección, si nos asegurarnos de mantenernos conectados a Cristo, nuestro nuevo afecto, a través de una comunión fresca y permanente que nos permita contemplarlo, entenderlo y sobre todo disfrutarlo, nos llevará de forma natural a dejar de amar el viejo afecto (Los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida) <!– AddThis Button BEGIN –>
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Gálatas 4:4-7. Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.
En paz me acostaré, y asi mismo dormiré; por que solo tu Jehová, me haces vivir confiado. Salmos 4:8.
Las palabras de Jehová son palabras limpias, como plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces. Salmos 12:6.






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